Cien cosas
He leído un artículo de Alberto Moreno en Vanity Fair que consiste en una recopilación de cien cosas que han hecho su año especial. Le he dado muchas vueltas y he pensado que era una buena manera de recopilar todo lo increíble que ha ocurrido en el mío. Tres horas he tardado, son las 2 menos 20 de la mañana. No había expectativas y el 2026 ha sido de lo mejor que me ha pasado. Superar el final del año anterior no era complicado. Superarme a nivel profesional ha sido completamente desprevenido. Os animo a que copiéis a Alberto, como yo, y seáis agradecidos con lo ocurrido.
Empecé el año en un viaje a Logroño que me hizo recordar que no es el destino, es la compañía.
Mi primer libro del año fue Una cena en Roma de Andreas Viestad y disfruté mucho recordando una cena en Roma, con 14 años, en el restaurante La Carbonara.
Repetí mi cena de los deseos. Es una de mis citas favoritas del año. Solo quiero una casa más grande con un salón más grande para tener una mesa más grande y poder hacer mis cenas mejor. 2025 superó mi lista de deseos (y cumplí mis propósitos).
Tuve una catarsis en Dubái. Lloré mucho en aquel viaje de prensa y me llevé un gran peso en el pecho junto a la maleta. Hubo días en los que incluso planteé el coger las maletas e irnos.
Me hice muchas preguntas a nivel profesional. Ha sido la vez que más incógnitas se han presentado.
Fui jurado en el EGO de la Mercedes Benz Fashion Week. Es una medalla que me cuelgo y de la que estaré agradecida siempre.
Teñí mi ropa interior de azul y las sábanas de rosa.
Fui a A Coruña a disfrutar de Irving Penn. Cada año me gusta más esta ciudad.
Y conocí Ronda —¡por fin!—, seguí los pasos de Hemingway y visité La Almazara Organic de Philippe Starck.
Salimos en ¡Hola! Novias.
Y en Telva Novias.
He tardado mucho en ver In the mood for love, una de las grandes películas de mi 2025. Tarareo su banda sonora de vez en cuando.
Se casaron muchos amigos, no tantos como me gustaría, pero algunos sí. Eché de menos tener más bodas.
Leí el beso más bonito que he leído jamás.
Disfruté de muchos cafés al sol en la terracita de mi casa.
Y de horas de lectura, de revistas y libros, en la pequeña piscina de mi edificio. Incluidas conversaciones indiscretas que me hicieron reír.
El iPhone me ha dicho unas cuantas veces que escucho la música demasiado alto. Y me ha dado exactamente igual.
He probado Ravioxo, Hiro, Haranita, Dispatch, Bao, Li, Caja de Cerillas, Krudo. Así, que se me ocurra. Recomiendo encarecidamente ir a Krudo.
Celebramos el aniversario en Disfrutar.
Viajamos a Biarritz y bebí rosé por encima de mis posibilidades.
Vi un epatante atardecer teñido de sepia.
Estrené los 33 en Los 33.
Aprendí, gracias a Heidegger, que “somos invitados de la vida”.
Cené en uno de mis restaurantes favoritos de Córdoba: Bodegas Campos.
Apunté una de esas frases que me gusta recordar de vez en cuando: “¡Alegría! Hemos nacido para la alegría”, de Concha Velasco.
Volví a ser jurado en la Bridal Fashion Week de Barcelona.
Me he quedado con ganas de viajar mucho más. No todo los balances han sido positivos.
Me compré el traje blanco más bonito de mi armario para ir al desfile de Vivienne Westwood.
Fuimos a la Feria de Córdoba.
Y llevé a las Cruces a mis amigos del colegio. Reímos, hablamos, cerramos bares, bailamos, incluso me llevaron en volandas. Celebrábamos que Felipe se casa.
La boda de Felipe y leer en su boda. Cayó el diluvio universal y nadie se daba cuenta de lo felices que estábamos en la pista de baile.
Hubo turbulencias. En aviones y en la vida.
Me enamoré de un bolso en forma de sándwich de Longchamp.
Leí por primera vez a Javier Marías. Aún me pregunto por qué he tardado tanto.
Cogí muchos trenes. Es donde mejor trabajo. Ojalá muchos trenes el año que viene.
He leído algunas de las frases más formidables en un libro en algunas páginas de Dúo, de Colette.
Fui a comer a Comporta y vuelta en el día.
Me reí muchísimo aquel fin de semana de primavera en Marbella.
Aquella noche que me sentí Ava Gardner en el Museo Chicote (y en la que regalé mi turbante).
Fui a varias presentaciones de libros. Id a presentaciones de libros. Siempre aprendes algo. O conoces a alguien interesante.
Pasé cuatro días preciosos en el norte de Italia con amigas. Me enamoré de Bolonia, Módena, Parma y los preciosos mosaicos de Rávena.
Volví a darme cuenta de que Italia es casa. Lo siento nada más leer la palabra uscita en el aeropuerto.
Hubo grandes cenas de verano, entre las velas, con amigos, con compañeros de trabajo, improvisadas. Improvisar debería ser un verbo para reutilizar y repetir el año que viene.
He leído tres libros de Mauricio Wiesenthal. Y he regalado otros dos (y he triunfado con ambas).
Lo di todo en el Mad Cool. Pocas cosas me hacen más feliz que ver música en directo. Wilco, Elyella, Guitarricadelafuente. Al 2026 le pido muchísimo más.
Hice check-in en el Hotel Jorge Juan.
Volví a ver Sexo en Nueva York por enésima vez.
Abracé la tristeza. Aprendí a quererla. Hay días en los que uno se levanta con pesar y tiene que convivir con ello. Esos días en los que sé que las lágrimas son fugaces pienso que mañana será otro día. Cuando la tristeza es por algo más, este año he asimilado que si no se puede hacer mucho, es mejor no darle mil vueltas.
Vi a Madrazo, a Warhol y Pollock, Saul Steinberg, Robert Rauschenberg entre otros. Y descubrí el maravilloso Museo de Albacete.
Muchos vinos en Es Suis, se ha convertido en mi bar de referencia de Menorca.
The Wallace Collection. La casa de Sir John Soane. La National Gallery. El Victoria & Albert. Volver a Londres y volver a lo que te gusta siempre es gratificante. Y pensar que la primera vez que fui a Londres, con diez años, no me gustó nada…
Leí también a Jacobo Bergareche, Sally Rooney, Juan José Millás, Stefan Zweig, Marcel Proust, Colette, Alejo Carpentier, Italo Calvino, Gabriel García Márquez, Antonio Muñoz Molina, Blanca Lacasa, Milena Busquets. Entre otros.
He investigado muchísimo acerca de Estética y Teoría de la Imagen. Ahora soy una experta. Y de verdad.
He conducido un Defender. Y quiero uno.
Quemé deseos en San Juan.
Descubrí Grandes Infelices, de Blackie Books, y se ha convertido en uno de mis pódcasts favoritos.
Me he convertido en una versión de mí misma de la que me siento muy orgullosa. Es uno de los grandes aprendizajes de este año. Igual que actualizas el teléfono, deberías hacer lo mismo con tu forma de pensar o actuar. Siempre te está esperando una versión mejor.
He improvisado infinitos viajes y planes este verano y siento que lo he exprimido al máximo. Los mejores veranos son aquellos que no planificas. Por esa razón se puede convertir en uno de los mejores veranos de tu vida.
Me he querido mucho en el espejo.
Ha habido muchos momentos de fin del mundo en la garganta.
Y momentos de felicidad plena. De los que fui plenamente consciente. La consciencia. Uno de los grandes descubrimientos del año.
Bebí varias botellas de Lalama, uno de mis vinos preferidos, de la Ribeira Sacra. En Menorca, en Madrid, en Barcelona.
Hubo horas de carretera de cantar con la música a tope y hablar mucho. Me encanta conducir e ir de copiloto.
Lloré cuando nos dejó Diane Keaton. Cuando menos te lo esperas es una de esas películas a la que siempre vuelvo en los aviones.
No dejé de escuchar a Ornella Vanoni cuando nos dijo adiós. La semana anterior sonaba en mis auriculares uno de sus últimos éxitos. Es y será una de mis cantantes más escuchadas.
He aprendido que hay muchos tipos de amistades, a las que comparo con una carta de cócteles. Amistades ligeras que duran un sorbo, amistades divertidas como una Paloma. Amistades que surgen una noche, como un chupito, del que al día siguiente no querrás repetir. Amistades que son solo para primavera. O para verano. Amistades amargas, como el Negroni. Esas que reconfortan siempre, dulces, como una Piña Colada. Cócteles clásicos que no fallan, esas amistades que ahí siguen a pesar de los años. Chin chin.
Volví a Menorca en verano, en otoño y estrené allí el invierno. Suerte de tener un menorquín.
Hice mucha bici, boxeo y ballet. Mi meditación casi diaria.
Pocas cosas mejores que las fiestas de Chamberí.
Regalé a una señora un viaje a Colombia.
Mi look favorito del año no lo llevé yo, lo lució Eugenia Silva. Un kimono y una boina. Estaba firmado por Armani.
Pasé muchas horas en la playa leyendo. El mejor plan del verano y el que más echo de menos.
Estrené mi primer little black dress.
Hemos comido muchas tortillas de patata de Garelos.
Cónclave ha sido una de mis películas favoritas del año. Lo mismo que Sentimental Value.
Participé en una mesa redonda en la Mercedes Benz Fashion Week Madrid.
He tenido algunas de las reuniones más bonitas de los últimos años.
Cené en el cine de verano de Dani Brasserie, en lo más alto del Four Seasons. Una cena solo en mi compañía que disfruté por la película y su riquísima hamburguesa Rossini.
Y volví al cine de verano a volver a ver —valga la redundancia— Dos en la carretera.
Lloré con el desfile de Armani y me emocioné muchísimo con el de Chanel. He vuelto a enamorarme, de alguna manera, de la magia de los desfiles de moda.
Di dos masterclass con Unisa. Y ha habido más firmas que este año han confiado en mí. Siempre es bonito ver como a nivel profesional se abre un mundo de posibilidades.
He descubierto a mucha gente Lee Radziwill.
Me comí una de las hamburguesas más deliciosas del año en el Bar Torpedo de Barcelona.
Volví a ver Sorrentino. Y vimos Parthenope en el cine, claro.
Ese Negroni en el Lemon mejoró uno de mis días más tristes de agosto. Ahora pienso en el Negroni como medicina. Es un poco magdalena de Proust.
Cené por primera vez en Horcher. Hay que volver.
Dormí de nuevo en el preciosísimo Hotel Alfonso XIII.
Puedo decir que he ganado nuevas amistades.
Me hice viral en Twitter por una foto que subí de Gabo’s. Ha sido un año de sentir la oscuridad del bosque de las redes sociales.
He cumplido un sueño que en mi cabeza era absolutamente inalcanzable (pero dos editores diferentes me han demostrado, de alguna manera, que era una realidad).
Me he impregnado del síndrome del impostor porque ser escritora son palabras mayores pero estamos trabajando en ello.
Han aumentado mis ganas de ir a México y a Japón.
He aprendido a esconder en un cajón las desilusiones.
Y he colocado la palabra ‘no’ en mi vocabulario.
He matado dos geranios. Y una enredadera.
He disfrutado de los mejores atardeceres de España después de dos años: los Atlánticos de Punta Umbría.
He comido cocido, calçots, tacos, tartares, solomillos, oliagu. Un año, otro más, en el que he disfrutado muchísimo del placer de la comida.
He cantado altísimo. Desde Barry B a Mina, pasando por Sara Montiel, El Kanka, Frank Sinatra o Guitarricadelafuente. Eso sí, he bailado poco. Eso no puede ser.
2025 me ha sorprendido tantísimo porque de él no esperaba absolutamente nada. Quizá ahí está el éxito. Decía Orson Welles algo así como que tener o no un final feliz depende de dónde decidas detener la historia. Pues yo me quedo así y aquí.
Fotografía de la fiesta de Truman Capote en Nueva York, a la que todos los invitados iban de blanco y negro. Lee y Capote, por cierto, fueron amigos. Ojalá acabar el 2026 en una fiesta así. Ojalá acabéis el año en una fiesta así.
Para que hables en el próximo Guateque…
Para terminar el año, y brindar por todo lo alto, no se me ocurría nadie mejor que el periodista Abraham Rivera para que comparta su guateque. Hoy yo no comparto el mío. Abraham es un gran lector de la newsletter —muy agradecida siempre—, tiene un gusto formidable y me encantan sus artículos, muchos de ellos en El País. Y de brindis sabe mucho. Tanto, que acaba de publicar Madrid Cocktail, Memoria líquida de la capital. No existía mejor persona para este chin chin de final de año. Apunta todo. Sus recomendaciones valen oro.
Un vino: A pesar de mi desmemoria —y de mi afán por no estar continuamente apuntando todo—, hay un vino que he tomado este año y que me viene a la cabeza rápidamente. Además es singular en muchos aspectos, una de esas botellas que tiene muchas capas de lectura. El Château d’Arlay, en el Jura, es un monumento al tiempo y al trabajo bien hecho. El castillo data de finales del siglo XI y las bodegas que hay en su interior son del XVII. Aquí todo es historia.
Su Vin Jaune (vino amarillo), elaborado con uva Savagnin, es una exquisitez absoluta. Fermenta y envejece durante más de seis años en barricas, bajo una capa de levaduras —el voile— que lo protege del aire y crea compuestos aromáticos un tanto especiales. De ahí su tono dorado y sus notas a hueso, nuez, almendra tostada y jerez viejo. Por cierto, se embotella en el característico clavelin, una botella bellísima de 62 cl, que nos habla de la evaporación que tuvo el vino durante el tiempo que estuvo modelándose.
Un disco: Durante muchos años me he dedicado al mundo de la música, ya sea comisariando festivales, escribiendo en revistas o haciendo programas de radio. Así que sigo teniendo un cierto interés por lo que ocurre en ese universo. Y sobre todo por aquello que se mueve en los márgenes, artistas o sellos que son buenos, pero que no están en el primer escalafón de los medios o de la atención del público.
Rat Heart es el proyecto de Tom Boogizm. Y este otoño ha publicado un álbum que me ha gustado especialmente, Dancin’ in the streets. Sus canciones evocan al Prince más introspectivo, aquel que manejaba la guitarra con muy pocas notas. Sin embargo, aquí también hay sintetizadores y sonidos que nos pueden trasladar a la experimentación más etérea del Nueva York de los ochenta. Su último tema, en el que se recita en español uno de los pasajes de Cien años de soledad, me lleva a una enorme placidez.
Una revista: Soy un obseso de las revistas de otras épocas. Me fascina fijarme en el diseño, las fotos, la maquetación, la escritura, los anuncios, la moda, los colaboradores, los eventos de ese mes. Y este año han caído algunas remesas especialmente significativas. Muy disfrutables han sido unas i-D de principios de los noventa. La de febrero de 1990, con tono levemente gastado y un añil espacial que combina fantásticamente con el logo en su característico amarillo, cuenta con Billie Ray Martin, del grupo alemán Electribe 101, en portada.
Dentro uno va a poder encontrar todo lo que pueda imaginar: inauguraciones de bares de diseño en Nottingham, páginas curadas por Matthew Collin (el escritor que firmó 7 años después el clásico Altered State sobre la escena del acid en Inglaterra), un editorial de Sean Cunningham en los desfiles de París donde podemos ver piezas de Miyake, Margiela, Ozbek, Ghost o Gaultier, una lista con los maxis de baile más relevantes de ese mes, la noticia de una colaboración entre John Galliano y el coreógrafo Ashley Page, o un interesante reportaje de Simon Pearce (fotos incluidas) donde se destacan algunas de las tiendas de ropa que vestían en ese momento a la incipiente escena clubber: Cafe Society, Utopia, Identity, Bond, Mau Mau y G-Force. Maravilla.
Haced vuestra lista. Contadme. Sed felices. ¡Brindad! Bailad mucho estos días y que, como he dicho mucho estos días, que tengáis un 2026 lleno de belleza evidente e inesperada. Buena semana y feliz entrada de año. Nos leemos pronto.




Una de las mejores cosas de este año es que he sido constante en la escritura de mi diario. No en plan diario “de cole”, sino a ráfagas: unos días no escribir, otros escribir 4-5 páginas, pegar tarjetas de sitios a los que he ido, collages de revistas, fotos de momentos especiales (me compré una impresora fotográfica mini en Amazon). Con ello, tengo mi volumen de 2025 listo y delante de mi. Es alucinante ver como cosas que me pusieron muy triste, dejan de tener importancia unas semanas después. Te encuentras con instantes de felicidad inesperada, decepciones… pero mucho aprendizaje. Te lo recomiendo muchísimo. Utilicé la agenda de Vogue del año pasado y este año voy a hacer lo mismo 🫶
Me encanta el lapsus que has tenido: "No había expectativas y el 2026 ha sido de lo mejor que me ha pasado." Pienso que es buena señal. Un abrazo.