Susto o muerte
Estos días veo muchas fotos en blanco y negro. Eso suele significar que detrás hay un adiós. Fernando Ónega, Raúl del Pozo, Gemma Cuervo. Y de fondo, suena el fin del mundo. El otro día, en clase, hablamos de la nevera de los muertos y mis alumnos aprendieron lo que era un obituario. Les leí uno precioso de Raúl del Pozo a su mujer. Hay belleza hasta en los momentos oscuros.
El fin de nuestros días es un tema del que nos cuesta hablar, del que a mí me resulta espinoso escribir… Pero la muerte estos días es portada. Y lo asumimos como lo que es: un lugar al que llegaremos todos, pero nos resulta incómodo ser conscientes de que existe y nos cuesta hablar de ello aunque hay críticos, sabios, estudiosos e imbéciles —no todos son todo— que dicen que se debería normalizar. Isabel Coixet le ha hecho un homenaje con Tres adioses. Hay belleza hasta en los momentos oscuros (y más si es con Roma de fondo). Tengo pendiente ver The Seventh Seal, de Ingmar Bergman. Confieso que escribo de la muerte de puntillas, rozando las teclas del ordenador, y sin reflexionar demasiado. Porque ni puedo ni quiero. Hablo del final con la boca pequeña, lo hago en voz bajita, para que no me pueda escuchar. Está ahí, ya lo sé, la veo muy lejos, pero es el único camino del que todos, absolutamente todos, tenemos certeza.
Me he dado cuenta del paso del tiempo porque mi cuerpo ya tolera el café por las tardes, la maquinaria necesita engrasar. Nos ponemos al día para hablar de los hijos que vendrán y de las operaciones que esperamos. Ya cuesta dormir de seguido y es un triunfo llegar a las ocho horas. Mis amigos son padres. Y los padres son abuelos. El cuerpo a veces pide días tranquilos y abrazamos las noches de fiesta porque no sabemos cuándo volverán. Bailamos en la pista no porque seamos millennial, lo hacemos porque no sabemos cuándo será la próxima noche. Brindamos por la vida porque sí, y agendamos nuestras citas porque se nos olvidan. Caminamos hacia ese the end sin ser conscientes —aunque la sociedad dice que los de treinta y tantos somos jóvenes— pero hay días que el cuerpo te lo recuerda. Ya hay días que necesito café y siesta. Y menos vino en ingesta.
Será que mi cumpleaños es en menos de un mes, que noto las arrugas en la familia de alrededor, que me han salido las tres primeras canas, que no dejo de leer en el periódico —o al meterme en Twitter o al poner la radio— que alguien se ha despedido. Por enfermedades, de forma natural, por la maldita guerra. Cuando no es susto es muerte.
Un día más es un día menos, y no es que me ponga catastrofista, no me ha invadido la tristeza, no ha picado ningún mosquito, no ha pasado nada extraordinario. Supongo que será la vida misma, poner los informativos, ser consciente de las cosas. Parece que muere el mundo moderno, el café torrefacto, el derecho internacional, los buenos modales, la alta gastronomía, la bellezs natural, la sobremesa, los desfiles sobre la moqueta de IFEMA… Incluso desaparece el tartar de salmón de las cartas. Veranear en el pueblo, escuchar un disco de un tirón, ver una película y no atender a nada, improvisar en Madrid. La muerte tiene muchos matices.
Bajo mi punto de vista, los mejores versos sobre la extinción son los de Jorge Manrique en las Coplas por la muerte de su padre:
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir.
No quiero ser como El Extranjero de Albert Camus. ¿Alguien ha leído a Sartre? Decía Marcel Proust: “A partir de cierta edad hacemos que no nos importan las cosas que más deseamos”. Lo siento, no estoy de acuerdo. Precisamente hay que hacer lo contrario. Y si soy río, no quiero ser Guadiana.
Hablando de la muerte se me ha venido a la cabeza El Talento de Mr. Ripley. Sus fotografías de la película son pura vida.
Para que hables en el próximo Guateque…
El restaurante: En Madrid se puede comer por menos de 25 euros. El sábado comí con dos amigas en Baoyilong. Sus dumplings son un vicio. Lo tenéis en Núñez de Balboa.
La app: He descubierto TicketSwap mientras escribo esta newsletter. He tardado, literalmente, dos minutos en vender mis entradas al concierto de Barry B de la semana que viene en Málaga. Tristemente, no puedo ir. Pero he descubierto, al menos, esta herramienta. No hay mal que por bien no venga.
La serie: Estoy empezando a ver The Newsreader. Una redacción en Australia, 1986. Probablemente algunos ya la habéis visto pero me parece buena recomendación, sobre todo si te atrae el mundo del periodismo.
Confieso que tengo muy poca inspiración. Mis semanas se reducen al trabajo, y la poca creatividad que me queda se la dejo a mi libro. Yo lo noto en los likes —qué terrible error— y que mi madre, fiel lectora, ya no me escribe tanto. Supongo que los bloqueos en los escritores son habituales. Y que el invierno, a pesar de que invita a la reflexión, a mí me nubla y me lleva al letargo. El frío es la muerte de las letras. Supongo que con la primavera volverá la vida y también la inspiración. Que tengáis feliz semana. Buen lunes.




Querida Paloma
Precioso tu artículo y la sinceridad que destila. Empatizo totalmente con esta frase : "Bailamos en la pista no porque seamos millennial, lo hacemos porque no sabemos cuándo será la próxima noche". Así estoy yo. Contando los días de ir a Barna para disfrutar del encuentro anual con amigos dispersos por España. Respecto a la muerte, mi encuentro con ella fue mucho antes de lo pensado, cuando perdí a mi padre, y tuve que afrontar un pensamiento de urgente y un dolor constante: donde está ? Cómo lo traigo de vuelta? Y si no sirve rezar ? Afortunadamente, la vida te regala también sorpresas y abrazos. Y mucho amor aunque te falte el que más necesitas. Un beso y feliz semana
Querida Paloma,
Gracias por tu post de esta semana también. Justo esta semana he tenido varios encuentros con la muerte. Es lo que tiene tener más edad, que tu alrededor va más rápido y ellos también se van, unos avisando, otros por sorpresa..
Añoro cuando íbamos a cumpleaños infantiles, comuniones, bautizos, y estábamos hartos de bodas… ahora frecuentamos más hospitales, Tanatorios y camposantos.. y descubres cómo de diferentes son las formas de asumir la ida, las reacciones, las tendencias (que también las hay, como en toda celebración que se precie)… y ves cómo se van acercando tus seres queridos más y más al final de la vida y tú tienes que aprender a dejar ir y a aprender de la dignidad que hay en irse, cada uno a su manera.
Gracias por las recomendaciones y por tu mirada y por compartirlo.