Resting rich face
Que tengo cara de descansada es algo que me han comentando varias personas esta semana. No ha sido gente que se haya encontrado conmigo por la calle o con la que me haya tomado un vino. Ha sido alguna contestación a la carroza de fotos que he subido este puñado de días de vacaciones. Confirmo que he dormido bien… Y también confieso que me he cansado de mí misma — me hizo pensar Leila Guerrero y su reflexión sobre la producción en redes sociales en el Festival de las Ideas — pero me veo en la obligación absurda de mostrar cosas de la isla. Porque soy periodista, me dedico a ello… ¡cómo voy a dejar de contar! Pero a lo que vamos, estos días se han repetido cuatro verbos: comer, dormir leer y escribir. Y quizá por eso tengo más color en la cara —estoy abonada a la república independiente de mi terraza de Mahón—, las bolsas menos hinchadas y una mueca colgada en la boca. Me alegra que el subir fotos sin parar haya servido para recibir ese piropo amable que llega desde lejos. También me preguntaron si en la tarta habría veintitantas velas. La suerte y la genética están de mi parte
Tener la cara descansada es, además, una tendencia en belleza —resting rich face, cara de rica descansada—, que dicen mis compañeras del sector beauty. Es algo que creo que se consigue a base de tratamientos y cremas caras, pero spoiler: nada como dejar pasar la tarde para abandonarse y leer en una hamaca; compadrear con Morfeo, sin despertador, para rejuvenecer unos cuantos años… A esa receta le sumo el dejarse llevar por el precioso placer de no hacer nada. Las top de los 90 tenían razón. Añádele dos litros de agua. A mí todo esto me viene fenomenal porque esta semana es mi cumpleaños. Había pensado que podía hacer un recopilatorio para despedirme de la edad de Cristo y homenajearla—un año que a nivel profesional y personal ha sido excepcional—, pero quiero seguir cultivando la escritora que ha estado trabajando sin parar estos días y quiero rozar algo más profundo. Qué importante es pisar el freno. A pesar de que yo en el mundo digital, aparentemente, no paro. Quizá es una buena reflexión para escribirla en la portada de este calendario nuevo que empieza. Más pantalla pero del ordenador, para darle duro a la novela y a los proyectos que —ojalá— vengan. Y más pantalla grande, para ver La Grazia de Sorrentino y aquello que me apetece y se estrenará. Tengo buena cara de las pausas de la Tramuntana, de las horas sin mirar el reloj y de los breves, pero gustosos, ratitos en la playa. De esos vinos vascos en el Bar San Jorge —Es Suis anda de obras y ha habido que buscar otro lugar—, de conocer y abrazar a Inga en Nanai Atalier, de las ostras de Oysters Menorca y de lo bien que se come en la casa desde la que escribo estas líneas.
Hay quien va a encerrarse a la Buchinger, yo os invito a que os vayáis a una casa alejada —una cabaña de las de Eva Morell— y que os encierren con aire y vendaval, y que no hagáis nada, simplemente sentaros en una hamaca con un libro. No sé si es necesario recalcar que es un placer más barato. Yo he ido cambiando a Zola por la novela, pero siempre Roma en la cabeza, no digo más. Las tardes más productivas no son siempre aquellas en las que mandas muchos emails, son esas en las que mientras divagas y acumulas palabras —sobre la belleza o sobre el miedo— el sol te roza en la cara. Es verdad aquello de que las mujeres podemos hacer dos cosas a la vez.
En fin, que me despido de este nuevo año con el filtro belleza puesto porque estoy descansada, sin expectativas pero con ganas de lo que vendrá. Todos esos pequeños placeres han sido como el mejor de los bisturís, han cosido los retazos de una Paloma que, confieso, llegaba muy cansada al mes de abril. La vida moderna. Quizá brinde el jueves con algún Negroni. Después de dar mi clase me escaparé a alguna terraza a tomar un vino para alargar esa cara de relajada. Y porque sí, porque yo me lo merezco. Porque tener buena cara es el reflejo de la búsqueda de esos ratitos. No es necesario un año de descanso y relajación, son pequeños atisbos de verano en la rutina —cómo me gusta esta palabra—. Colgarse de una ventana a tomar el sol, beber el café tranquilamente y hacer algo que te pellizque las tripas. Eso han consistido estos días, con la suerte de hacerlo en una isla del Mediterráneo, eso sí. Creo que a los 34 les pido precisamente esto. Muchos días de cara descansada. Y si vienen con alguna crema cara, por si acaso, pues mejor.
Adele Bloch-Bauer I, de Gustav Klimt. Tendría unos 34 años cuando le hicieron este retrato.
Para que hables en el próximo Guateque…
La gorra: He fichado esta gorra o xivit, como se dice en menorquín —Read Banned Books— comiendo en Son Ganxo —antes Mar Plato—. Quiero una igual pero veo que está agotada. Manifestemos, a ver si por mi cumpleaños cae la breva. La lucía una conocida escritora catalana.
El libro: Por si alguien quiere hacerme un regalo, me gusta esta lectura de la Editorial Acantilado que vi el verano pasado en uno de los libros que más disfruté de Mauricio Wiesenthal. Es el Diario del viaje a Italia de Michel de Montaigne. Sé que lo tienen en Ivorypress porque lo tuve en mis manos.
El capricho: estos días me he viciado al chocolate premium de Aldi. Al del 85%, de Moser Roth. Rico en antioxidantes, bueno para el corazón, influye en el estado de ánimo… Yo llego a los 34 con los deberes hechos.
Bonus track:
El bañador: ya he ido a la playa este 2026 y uno de mis trajes de baño favoritos ya tiene los tirantes dados de sí. Me apetece mucho uno nuevo y he fichado este de Jimmy Lion. No lo digo para que me lo regaléis. Pero os invito a que busquéis trajes de baño diferentes para que no vayamos todos iguales a retozarnos con la arena.
Si me queréis felicitar, es el 9. Pero nada, ni os preocupéis, a vuestras cosas. Este año no tengo tantas ganas de prodigar que es mi cumpleaños. Que sea leve la vuelta. Espero que hayáis descansado en este suspiro de temporada estival. Feliz lunes y como siempre, buena semana.




Mejor tener cara de descansada que de 😫 cansada. Creo.yo !
No me gusta nada el calificativo de "cara de rica descansada", aunque sí me gustaría serlo, rica, y estar descansada de no haber hecho nada en todo el día, algo complicado si no se es rica 🤦♀️🤷♀️.
Yo hoy te escribo aún de vacaciones, en València es festivo, no sé si en otros sitios también, aunque desde casa porque esta Semana Santa no hemos salido; lo dejé para el final y cuando empecé a mirar posibles destinos estaba todo carísimo (lo que tiene no ser rica...).
Por si acaso, felicidades adelantadas 😘