Old Fashioned
El otro día acabamos cantando, un miércoles cualquiera, Wonderwall de Oasis. “Una canción que nos sepamos todos” dijo José Luis, mi amigo más antiguo, junto a Guille. Nos conocemos desde hace 31 años. Cuando sonó esta canción en la radio, por primera vez, teníamos tres. 1995, por si alguien piensa que tengo 40. Todos en el karaoke, como si fuera uno de los conciertos de Londres de este verano, cantamos al unísono como una exaltación de la amistad. También cantamos la Oreja de Van Gogh, Camela, una versión rapeada de Mediterráneo de Serrat y junto a mi mejor amigo —y una Paloma en la mano— entonamos una canción preciosa de Los Panchos. Un miércoles con sabor a viernes que demuestra que las mejores noches son las más inesperadas.
Salimos y seguimos porque celebrábamos que Alberto se casa, y acabamos en Bárbara Ann, un bar de Las Salesas. Como quien busca refugio en un café cuando hace frío, sonaba Danny Ocean a todo volumen y entramos a darlo todo. Abrazos, saltos. Volvimos a la adolescencia. Encontramos el garito perfecto en el momento ideal. El jueves no fue sencillo encontrarse.
Esta semana ha sido de hallar, descubrir, ubicarse. Ubicarme después de la poca rutina de estos días y del viaje a Roma que siempre revoluciona el alma. O de descubrir cuál es mi nuevo cóctel: el Old Fashioned. Lo más cerca que había estado de uno era viendo Mad Men, porque era el favorito de Don Draper. Yo, que he sido chica de whiskey y bourbon desde los 19 años, nunca había probado esta bebida. Estábamos cenando en Makàà, una de las últimas aperturas en Madrid, cuando el bartender me ofreció un cóctel. Me vio con cara de algo dulce, se sorprendió cuando quise algo amargo. Y acertó de pleno. En la barra soy de Paloma, Negroni y Old Fashioned. Este 2026 soy de hallar, encontrar y probar.
También averigüé el guante que había perdido la Noche de Reyes. Estaba en el coche. Pensando en qué bar se había quedado, y con el corazón en un puño, lo encontraron de repente en el lugar menos pensado. Me hizo gracia comprobar como no soy la única que olvida citas y guantes. Roma estaba plagado de ellos por todas partes. En una iglesia detrás de Campo dei Fiori. En las escaleras del metro de la línea C. Yo tuve más suerte que ellos. ¿Cuántas personas habrán perdido sus guantes y no se habrán encontrado nunca?
Lo que no ha tenido fortuna ha sido mi pintalabios, que dejé olvidado en algún bar cerca de la Fontana di Trevi, o se me cayó en el momento más insospechado. Me había costado encontrar un lápiz de labios de diario y decidió abandonarme cuando pensaba que nos habíamos enamorado. Mi pintalabios de Shiseido rompió conmigo de la manera más abrupta. Creo que prefirió quedarse en el baño de la Galería Doria Pamphilj.
Cócteles, pintalabios, canciones. ¿Quién diría que no estamos hablando de Sexo en Nueva York? Creo que simplemente estas cosas me encuentran. O que yo las busco. Como busco la belleza, localizo las casualidades en las cosas más mundanas. Siempre pienso que todo tiene un por qué. No siempre lo hallo.
Del Old Fashioned sabemos que lleva bourbon, sirope de azúcar, tres gotas de angostura y una rodaja de naranja. De la vida no sabemos nada. De mi pintalabios tampoco. Ni siquiera el lugar en el que desaparecen las cosas, que yo me lo imagino como un agujero negro que encontramos en los recovecos y en las esquinas. Y de repente, se expulsan. Al final no hay que buscar. Los pintalabios, los guantes y los buenos momentos nos acaban encontrando. Espero. En mi próximo cóctel brindaré por ello. No se me ocurre mejor lugar para esperar a que me llegue lo bueno que con una copa en la mano. “This is the drink of reason. It sharpens the mind and softens the heart.” Lo bebía porque sentía que su receta era lo que único que podía controlar. Pues eso. Don Draper dixit.
Don Draper con un Old Fashioned en la mano.
Para que hables en el próximo Guateque…
La película: Vi Nouvelle Vague de Richard Linklater, en el sala de cine del Círculo de Bellas Artes y la disfruté muchísimo. Es el making off de la película de Jean-Luc Godard Al final de la escapada. Ay… La magia del cine. Me fui con una sonrisa a casa. Está ya en pocas carteleras, te animo a buscarla. No te va a encontrar.
El restaurante: Os tenía que recomendar Makáá, acaba de abrir en lo más alto del Hotel Thompson. Algo pasaba con el servicio —se disculparon, no lo tengáis en cuenta— pero la coctelería estaba buena, la comida estaba rica y las vistas eran de infarto. Buen producto y buenos Old Fashioned.
El documental: Vi el otro día en Filmin Dios lo ve, de Alex Guimerà y Guillem Ventura. Un documental sobre el arquitecto y diseñador Oscar Tusquets. Un absoluto genio y un rebelde con causa. Aparecen en él Mario Vargas Llosa, Antonio López o Miquel Barceló. Qué talento.
Os deseo una buena semana cargada de buenas noticias. Ojalá que sí.
Gracias por los mensajes de estos días y por los correos, ha sido estupendo cartearme con vosotros. No dejéis de hacerlo. Me encanta encontraros en mi bandeja de emails. Buen lunes.




Buenas tardes Paloma,
Tengo que reconocerte que he tenido que buscar qué era una paloma, tras leer tu guateque de hoy. Aquí en València lo llamamos "nuvolet", que vendría a ser "nubecita", y debo decirte que lo beben, sobre todo los señores mayores. Es verdad que anís dulce (cassalla) bebemos bastante por aquí, pero solo, en chupito, antes de las comidas.
El negroni solo lo he probado una vez, y no me hizo demasiado, y el Old fashioned, como a ti, solo me sonaba de Mad Men.
Yo soy más de bebidas dulces, aunque nunca se sabe...
En Bárbara Ann se puede pedir una copa como es debido en la barra de dentro. El barman es muy amable y acepta indicaciones.