Ensalada Waldorf
Era 1893 y se celebraba un baile benéfico. El maitre del Waldorf-Astoria de Nueva York —uno de los hoteles más icónicos en la ciudad, en el que han actuado, vivido o bailado desde Ella Fitzgerald, Andy Warhol a Mick Jagger— inventó una ensalada que pasó a la historia. Apio, manzana Granny Smith y vinagreta. Quien me conoce, o me ha escuchado hablar, sabe que no soy fruit friendly. No le veo bondades a esas texturas ni a esos sabores. Doy gracias a la naturaleza por otras cosas, pero no por sus frutos. No podría ser nunca Eva. El jueves pasado, en una cena fastuosa en el Club Monteverdi, en una maravillosa mesa rodeada de mujeres, leí en la minuta las dos palabras que dan nombre a este artículo.
Ante el plato —un edificio de tres rodajas de manzana, apio entre los pisos y un rooftop de vinagreta— me sentí arquitecta viendo cómo podía destruir ese edificio sin dolor. Y que se notara que había comido algo. De postre había macedonia, me pareció el fin del mundo. Pudiendo elegir entre todos los dulces que ofrece el universo —¿¡quién elige macedonia existiendo el chocolate?!—, me recordó aquellos postres del colegio. Empecé a contabilizar las calorías que iba e ingerir esa noche y repasé mi nevera y despensa para ver qué podía comer después. Todo eso se me olvidó cuando probé el primer bocado. La manzana, el apio y la vinagreta… Estaba muy rico. Esto demuestra cómo soy en multitud de ocasiones: lo veo negro antes de tiempo. Voy con el ‘no’ por delante. Saco mi lado negativo.
El viernes cenando en Nota Blu Brasserie me pasó algo similar. El camarero —Juanjo, encantador— nos recomendó un carpaccio de berenjena que llevaba granada. Torcí el gesto igual que el día anterior. Asentí. Me tiré a la piscina. Solté la cuerda en la caída. Me tiré al vacío. Y disfruté de cada bocado. Y de toda la cena. De postre, por supuesto, pedí chocolate. Una de cal y de una arena, que finalmente se convirtieron en un castillo en la playa.
Pongo de ejemplos dos platos diferentes porque la gastronomía es un espacio en el que abunda el ‘no’. Hay noes por los que no paso, como pueden ser el pepino o la lechuga… Pero he de reconocer que esta actitud me pesa en muchos factores de la vida. Cruzo los brazos y enfurruño la nariz porque algo no lo quiero, porque algo no me apetece. Y me suele sorprender la vida y a veces, me voy a la cama con sonrisa. El lunes fui a la Gala Macarfi, subida a un tacón pero con los hombros caídos, y fue una noche agradable llena de reencuentros y en la que cené bastante bien.
El libro de J.K Chesterton pensaba que era un libro evocador y me llevé una grata sorpresa cuando me vi riéndome entre páginas. Una quinta portuguesa me daba pereza y la disfruté incluso con la saturación de color. ¿Cuántas veces juzgamos las cosas por su portada? A Diana Vreeland la ficharon en una pista de baile con un vestido de Chanel y después trabajó en las dos revistas de moda más importantes del mundo. Nada es lo que parece. La manzana con vinagreta es un manjar y la superficialidad más evidente es una realidad más profunda.
Por qué me freno o por qué juzgo son dos reflexiones de domingo que me llevan a afrontar diferente la semana. Si voy con el ‘no’ por delante, me puedo perder un bocado exquisito o un rato en buena compañía. Bailemos como Diana —sin juzgar el reggaetón— y compremos un libro —“Uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído.” que decía Borges— sin juzgar su portada. Si alguna vez abres un menú y ves la Ensalada Waldorf, no lo dudes: tírate al vacío. Nunca lo clásico supo mejor.
Camareros del Waldorf-Astoria de Nueva York.
Para que hables en el próximo Guateque…
La canción: No era muy fan de Nathy Peluso (veis, juzgando) hasta que escuchando la radio, al término de un programa, pusieron una canción. Era de Nathy. Este fin de semana he bailado en el coche Malportada, con Rawayana (grupo que conocí gracias a un taxista que me llevó a un concierto hace tres semanas).
El restaurante: Fuimos por trabajo a Nota Blu y me sorprendió todo para bien. Es para una ocasión especial, no para todos los días, pero estaba todo rico y el servicio fue estupendo. Ya lo había juzgado por la fachada y me equivoqué. Tenéis que pedir el carpaccio de berenjena, por supuesto. Me gustó que en la carta de vinos por copa estuviera El Hombre Bala.
La charla: Investigando estos días para mis clases llegué a esta charla TEDx Talk de Coro Saldaña sobre la Inteligencia Artificial. Su enfoque es creativo y sirve sobre todo para aquellos que trabajan en moda, pero es muy interesante lo que cuenta y tiene mucho sentido.
No juzguéis esta semana, bailad a Nathy Peluso y mirad la vida con otros ojos. Buen lunes y que tengáis feliz semana.




Es verdad Paloma, la de cosas que nos perdemos o que no disfrutamos al máximo por prejuzgarlas.
En eso estoy muy de acuerdo contigo, lo mismo que con que el mejor final a cualquier comida es el chocolate, a poder ser negro, pero yo, amo la fruta, y no solo como postre, sino mezclada con cosas saladas, rollo como en la ensalada Waldorf.
Algunas de mis combinaciones preferidas son: endibias con granada; espinacas con higos, jamón y feta y ensalada de salmón con mango. De verdad, anímate un día y prueba alguna de esas combinaciones y ya me contarás.
Un abrazo y feliz semana 😘
Gran pensamiento que llevo tatuado mentalmente. No juzgar. (aunque a veces me dejo llevar y siempre me arrepiento). Es mejor dejarse llevar por la intuición. Alegría en los descubrimientos diarios. Gracias por compartir. Fiel fan de la fruta y la verdura, será la edad! ;) Feliz semana querida Paloma.