Cenicienta a sus zapatos
Fui Cenicienta. Fui Cenicienta en una merienda que organizaban en el Ritz, entre una marca de joyas y burbujas, entre lo más granado del reino de las redes, yo entré en la sala con un zapato roto. Era un zapatito en color crudo, con un poquito de tacón. Ese zapato que te eleva ligeramente, que te acompaña en los andares, que hace que todo lo que lleves sea un poco más elegantón. Lo perdí justo al entrar, pero no se rompió el encanto, menos mal. Se me rompió la tira de detrás y era la primera puesta. Fue un día antes de mi cumpleaños. Bebía champagne, saludaba a la gente, y daba pequeños pasos para no perder el zapato en aquel lugar fastuoso. Es lo que tienen los hoteles, te invitan a sentirte cómodo pero también, a veces, a aparentar. Me monté en mi carroza particular, el autobús azul de la EMT, con la dignidad en los bolsillos y con mi kitten heel convertido en mule. Me acordé de esta anécdota cuando, hace unos días, iba a desayunar al mismo hotel por un tema de trabajo. Llevaba también sandalias de tacón, porque últimamente voy con unos centímetros de más y ya no me importa medir más de un metro ochenta. No sé en qué momento pensé que ser alta era una mala idea. Siempre fui de las más altas de la clase, ahora me gusta ser de las más altas de la fiesta.
Y digo que fui Cenicienta, que a veces lo soy, porque a veces me siento princesa — pienso que las hermanas maléficas van a aparecer por ahí, en cualquier momento, y van a romper el hechizo—, y otras que no pertenezco a este lugar… Porque estos días me da la sensación de que he estado caminando en zapatos que no son los míos. Y mira que tengo un 40. Será porque ya camino bien con tacón —las clases de ballet y de bici, que trabajan el gemelo— que paseo por la Gran Vía con ellos corriendo a por un taxi, que los paseo para una reunión importante, que últimamente voy más en tacón que plana. No me reconozco en los espejos ni en los reflejos. ¿Quién es esa chica tan alta? Pues eso, que siento voy caminando en los zapatos de otros.
Me pasó el jueves, cuando tuve un precioso encuentro con lectores —¿cómo será firmar tu propio libro?—, y después una charla con Jacobo Bergareche en la Feria del Libro. Yo pregunté, él respondió. Llevaba unas sandalias de tacón en el bolso pero decidí estar toda la tarde con los pies en la tierra. El viernes, para bailar con Siempre Así, también me puse tacones. El sábado por la noche ya me puse a bailar descalza, de puntillas, por el salón, a la una de la mañana. El cuerpo exhausto —he dormido casi diez horas cada día, el tacón y la vida de malabarista cansa— me pedía bailar las emociones. Hoy domingo, el día que escribo estas líneas, he decidido ir descalza y pegarme un chapuzón en la piscina. Por suerte, a las doce de la noche no se romperá el hechizo. Y esta doble vida no me dará dolor de pies.
Retrato de Elizabeth Lederer, en tacones. Cuadro de Gustav Klimt (1914-1916).
Para que hables en el próximo Guateque:
El libro: Me ha llegado estos días Pánico y Ternura, de Paz López, de la editorial Lumen. Tengo un desayuno literario esta semana y ha sido mi lectura del fin de semana. Menciona a Pavese, a Pasolini, a Susan Sontag. Estoy leyendo últimamente mucho ensayo, y afirmo que es una lectura necesaria. Leer un poco de todo siempre está bien.
El bar: Después de la charla en la Feria del Libro fuimos a celebrar, en petit comité, en uno de los bares de los alrededores del retiro, en Menéndez Pelayo. Acabamos en la Marisquería Sanchís, donde disfruté de dos copas de Godello, una cecina espectacular y unas cocochas al pil pil. Así deberían ser siempre las celebraciones.
La newsletter: Soy muy fan de Coolturalplans, que son precisamente las que me han invitado a este desayuno. Me gustan sus planes, leo lo que me cuentan con atención, y me gusta cómo enfocan la cultura. Hace unas semanas estuve en una charla interesantísima con Laura Ferrero, Marta García Aller, Diego S. Garrocho y Pablo Cerezo, de Librería Pérgamo.
Gracias especiales a quienes estuvisteis el jueves en El Autor Hotel, fue maravilloso el encuentro y fue fantástica la charla. Espero que lo pasarais bien. El Guateque se hizo realidad durante un par de horas. La próxima, con un vino por delante y algo de bossanova de fondo.
Feliz lunes y como siempre, feliz semana. Gracias por estar ahí.




Necesitamos Guateques en directo!
Todas alguna vez hemos sido cenicienta. ¡Qué bonito escribes! 🖤